domingo, 4 de abril de 2010

PENSAR EL CAMPO

El desarrollo del agronegocio y el Bicentenario

Ayer la Rural, hoy Grobo

La entrevista a Grobocopatel publicada el domingo pasado en Cash motivó la siguiente réplica. En el Centenario (1910), la Sociedad Rural representaba a la Argentina “próspera y desarrollada”; en el Bicentenario, ese papel lo ocupan los hombres del agronegocio.

Por Norma Giarracca* y Miguel Teubal**

No es la primera vez que Cash, el suplemento económico de Página/12, entrevista a Gustavo Grobocopatel, como lo hacen muchos otros medios y cátedras universitarias. Suponemos que no lo entrevistan porque lo consideren representativo socialmente del productor agropecuario argentino, que en su mayoría son pequeños y medianos agricultores, ya que estamos en presencia de un terrateniente que posee más de 17.000 hectáreas propias y arrienda más de 230.000 en Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay. Es decir, lo que opina Grobocopatel no expresa problemas e ideas de los productores agropecuarios. Seguramente muchos de esos productores lo admiran y desean seguir sus pasos y otros ven en él ese “otro tan temido” que terminará quitándoles la posibilidad de seguir en la producción de leche, arroz, trigo. Se lo entrevista porque es un importante productor y agente social del sistema del “agronegocio”, que es hegemónico en el capitalismo neoliberal. Se lo entrevista porque junto a otras grandes empresas y productores –El Tejar, que preside Oscar Alvarado, y Adeagro, entre cuyos accionistas se encuentra Soros, varios grandes exportadores y pools de siembra, Monsanto y otras corporaciones– configura la cúpula del sistema agroexportador con una incidencia significativa sobre la política agropecuaria.

Grobocopatel, cumpliendo las expectativas de su entrevistador, que lo sindica como el “rey de la soja”, va estructurando la mayor parte de sus respuestas convencido de la importancia de sus palabras. Repite lo que dice siempre acerca de la gran demanda que existe para la soja en el mundo. Y las razones por las cuales se podría alcanzar el doble o el triple de los 90 millones de toneladas de granos que se producen en la actualidad. Admite que la rentabilidad actual sigue siendo elevada “más allá del efecto que pueda tener un gobierno de turno” (refiriéndose sin duda a los años del conflicto).

Quienes seguimos la influencia de las políticas públicas y cambios en los parámetros económicos establecidos por un gobierno sabemos que un año, un simple año, puede desarmar un sistema agrario generado durante décadas. Así, en 1991, con el decreto de desregulación económica de Menem-Cavallo se desarmó toda una trama institucional que había sostenido el modelo agrario y agroindustrial que venía de décadas. Lo que dice Grobocopatel es que el conflicto de 2008 no tocó la trama legal, impositiva, crediticia que sostiene el modelo del “agronegocio” como política de Estado. Fue un susto, una molestia después de haberse posicionado como un verdadero rey que trae modernización y convence con la “sociedad de conocimiento” a este país, que él lo piensa a futuro. Un país que se seguirá ocupando del “hambre de China” (como dijo en otras entrevistas), con grandes emprendedores a su imagen y semejanza y aprovechando todas las tecnologías que bajen costos y suban ganancias.

Grobocopatel no habló de lo que los economistas eufemísticamente denominan las “deseconomías externas” que genera este modelo. No mencionó que la soja entraña producir menos alimentos para argentinos y latinoamericanos (y más para los chinos): trigo, maíz, lácteos y carne, con su incidencia sobre los precios y la inflación actual. Tampoco señaló la baja ocupación de personas en el modelo. No habló de los efectos de la fumigación masiva para las poblaciones del interior. No hizo hincapié en el deterioro ambiental, la deforestación masiva, el avance sobre las yungas, su incidencia sobre la sequía y las inundaciones y el gran sufrimiento social de las poblaciones desplazadas (como la muerte de Sandra Juárez en Santiago del Estero en marzo pasado).

En la entrevista señala que “hay que evitar la monopolización de la oferta. Tiene que haber muchos productores, consignatarios y carnicerías... Puede haber especulaciones que se pueden combatir con la intervención del Estado”. En realidad, siempre hubo muchos oferentes en el agro y sus cadenas hasta el consumo así como también mucha intervención estatal. Luego llegaron las corporaciones proveedoras de insumos, los hipermercados y productores como él, acompañados de fondos de inversión y estudios agronómicos. Es evidente que tanto él como los exportadores y los grandes grupos económicos desean un Estado “a medida”: que sea liberal y no intervenga o que sea keynesiano y sí intervenga, de acuerdo a sus necesidades.

Los viejos ruralistas que tanta antipatía han causado a una parte de la sociedad se han convertido en tan pragmáticos como esa figura. Saben que están subordinados al capitalismo de “estos emprendedores” y siguen sus reglas. Pero resultaron torpes para dirigirse a los hombres del poder político y a los medios. Les faltó no sólo el capital sino la convicción “modernizadora” de este personaje. Aquellos otros fueron estigmatizados en una imagen de hombre de campo “conservador e ignorante”, mientras este personaje se perfuma de “modernización”, “desarrollo” y “progreso”. Y tiene un relativo efecto en una población que ignora que para los nuevos paradigmas que se discuten por el mundo pensante, estas posiciones no sólo son decimonónicas sino que fueron responsables de la situación ambiental expresada en el cambio y la hostilidad climática que vive el mundo.

Así como en el Centenario (1910) la Sociedad Rural Argentina representaba la Argentina “próspera y desarrollada”, hoy, en el Bicentenario, ese papel lo ocupan los hombres del “agronegocio” (Aprecid, Expoagro, exportadores, los hombres de Monsanto y como figura emblemática Gustavo Grobocopatel). La Sociedad Rural fue tan avanzada y pionera tecnológicamente en 1910 como lo son estos actores hoy. Pero esa condición, más que garantizar la democratización del país, la impidió hasta que desde el poder y el pensamiento político, primero Hipólito Yrigoyen y luego Juan Perón, generaron con el apoyo del movimiento obrero y “chacarero” otro modelo de nación para la inclusión de los sectores medios y trabajadores. Dictadura y neoliberalismo mediante, nuevamente estamos frente al mismo desafío: salir de la encerrona del capitalismo modernizante y sus actores estrellas y esforzarnos por generar una democracia y una economía con inclusión e igualdad. (Página 12)

* Socióloga. Titular de Sociología Rural e Investigadora del Instituto Gino Germani-UBA.

** Economista. Investigador Superior del Conicet en el Instituto Gino Germani-UBA.

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